
Amanece en las Salinas de S. Pedro del Pinatar. El cielo cambia rápidamente en colores y relevancia.
Densas nubes filtran los primeros rayos de sol a duras penas. Unas ramas secas de taray rasgan el lienzo algodonoso. Noviembre, el otoño levantino en definitiva, es una época inconstante y, para mí, de un atractivo muy particular. Este año, además, se está prodigando en días claros, de luz mágica y magnífica, y temperaturas muy suaves.

Y en las mañanas claras, de luz perfecta, "las Charcas", como llevo llamandoentrañablmente a las Salinas de S. Pedro durante décadas, me regalan espectáculos impagables, como éste.
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