martes, 3 de agosto de 2010

Cambio equipo fotográfico reflex profesional por KALASNIKOV ...

... y una generosa cantidad de munición.


Este verano está siendo duro. Probablemente la culpa sea sólo mía: frecuentar "tanto" las "salinas" me está costando disgustos, muchas alegrías, pero también sinsabores. Cuando no son los incursionistas que no son capaces de vencer la tentación de violar la prohibición de paso, explicitada por carteles, y "colarse" en las motas, son los niños tirando piedras a las charcas, ante la mirada estúpida e inactiva de sus progenitores (o lo que sean), etc. Y cuando no los atropellamientos; o la dichosa moto, el puñetero "quad" (incluso de protección civil, claro), o el niñato del BMV que tienen tanta prisa que no ven la limitación de 40 KM que impera en la carretera de acceso al puerto, porque, quizá, le cierran la playa, o el mercadona, según el sentido de la marcha; ¿qué sé yo? Ni quiero saber.

Y esta mañana el colmo de lo que me está tocando presenciar en las "salinas". Se me ocurre irme al "segundo molino", el de la Calcetera, para, aparte de intentar fotografiar alguno de los "nuevos" limícolas que están llegando estos días (agujas, combatientes, correlimos común, zarapitín y menudo, etc.), así como para asistir a este temprano retorno, además de para probar suerte con los vencejos pálidos que están terminando de sacar a sus pollos en la estación transformadora de la Calcetera. He disfrutado del paseo, pese a mi estupor por el hecho de que, siendo poco más de las 7 de la mañana, el sendero estaba lleno de personas.

De camino a la Calcetera varios grupos de vuelvepiedras, correlimos zarapitines, comunes y menudos, chorlitejo patinegro (uno de ellos con dos pollitos de poco más de un día, aún ...), amén de charrancitos, charranes, pagazas, bandos de flamencos, gaviotas picofinas, patiamarillas, alguna reidora, un archibebe común me han tenido entretenido, haciéndome disfrutar del esfuerzo de cargar con la mochila, trípode, prismáticos, etc.

Llego a la Calcetera y ni rastro de los vencejos. ¿Ya se han largado? No puede ser. El viento sopla moderadamente S-SE. Son alrededor de las 8:15 y decido esperar. Sólo veo tres adultos, a uno de ellos dos veces entrar en el nido a cebar a los pollos. Pero son muchos menos individuos que sólo una semana atrás.

Las cosas ya no van a pintar mejor, así que decido marcharme. A unos 200 metros veo algo que no me quiero creer. Un tipo se baja de la senda a una de las playas de grava de las charcas y empieza a corretear y a dar quiebres. Eso sólo significa una cosa: está persiguiendo pollos. Se agacha varias veces y finalmente se sube al sendero y se marcha, dirección al Molino Quintín. Guardo mi equipo en la mochila y yo también sigo esa dirección. Por mi cabeza pasan muchas cosas, la mayoría moralmente reprobables y políticamente incorrectas.

Pese a que me paro de vez en cuando a echar un vistazo a los pájaros, mi paso es más rápido que la media, por lo que, justamente a la mitad del camino, alcanzo al tipo. Se trata de un "abuelo"; eso nos salva a ambos de acabar en el cuartelillo. Desde atrás veo una mano abierta, relajada, y un puño no totalmente cerrado. No necesito más para estar seguro de lo peor.

La conversación transcurre, más o menos así:
Yo: Perdone, ¿me puede decir qué piensa hacer con ese pollo?
Abuelo: Lo llevo para que lo vean los niños
Yo: ¿Y después ...?
Abuelo: (algo así como) lo dejaré por ahí. (...) Además, hay muchos.

Por mi cabeza pasan muchas cosas, de nuevo. Aparto la mirada. Mi tono de voz no debe ser muy agradable (los que me conocen saben que tengo una mala hostia que aterra)

Se le cae el pollo de la mano. Me agacho, rápidamente, y lo cojo.

Le digo cosas como que está prohibido coger pollos de lo que sea; que, además, estamos en un espacio protegido; que qué pasa con los padres del chorlitejo y sus hermanos; que qué pensaría si le robaran a sus nietos. Que si no ha notado cómo le late el corazón al pobre pollo ... Y yo qué sé qué "tonterías" más.

Y creo que, sin solución de continuidad, me doy la vuelta y me voy, con el pollo entre las dos manos, acunado, intentando que no le llegue luz y así minimizar su ansiedad.

Me jode, personalmente, tener que hacerme dos kilómetros más, cargado, para soltar el pollo (la ida y la vuelta). Me jode lo que voy a padecer intentando encontrar al presunto progenitor, para dejar en sus proximidades al indefenso e inocente pollito. Me jode pertenecer a esta mierda de especie humana. Me jode que no seamos capaces de convivir con el medio en el que nos ha tocado vivir y sea nuestra prioridad poseerlo, mancillarlo y masacrarlo. Bah... Son cosas que se piensan cuando tienes que hacer un recorrido a pie más o menos largo.

La mayoría de las playas de grava que tiene este sendero que une los dos molinos están ahora bordeadas de espuma, lo que hace que estén desiertas de pájaros. Más o menos me acuerdo del punto donde vi al tipo pillar al chorlitejo. Voy escudriñando meticulosamente cada silueta. Finalmente, alcanzo a un chorlitejo que tiene un comportamiento cercano al de "progenitor con pollos". La verdad es que hay pocos chorlitejos, son más los vuelvepiedras y los correlimos, por lo que, probabilísticamente será el padre (o la madre, que no he querido fijarme demasiado, para estar el tiempo mínimo). Bajo a la playa de grava de la charca. Me agacho, dejo el pollo, aún vivo. Miro al pollo, miro al adulto (que me mira, quieto, a no demasiada distancia, unos 10 metros). No veo al otro pollo, pero esto no me preocupa, entre lo miméticos que son y la probable orden de su madre de que permanezca quieto, bien podría tenerlo a dos metros y no percatarme. Vuelvo a mirar al pollo, me levanto, me doy media vuelta y tiro para el molino Quintín.

1 comentario:

  1. Desde luego que este verano está siendo duro. Pero seguro que lo es más por lo que no se ve, que por lo que se ve.

    Para ser consecuente e impactar lo mínimo con el entorno, lo aconsejable sería cambiar el equipo fotográfico por una cerbatana, una ballesta o un arco, ya que éstos contaminan acústicamente menos y si fallas el primer intento puedes rectificar la puntería, ya que al emitir menos ruido, y como los abuelos están medio sordos la mayoría, no creo que sepan la procedencia del dardo o flecha.

    Una buena idea sería apostarse bien temprano bajo la cubierta de tablones de madera de nuestros malogrados Molinos de Viento, que además por la gran labor conservadora de nuestros responsables políticos, del patrimonio histórico, se encuentra en las mejores condiciones para poder sacar el arma elegida entre sus muchos huecos. Ten en cuenta que es un punto elevado, discreto, que ofrece una oportunidad excelente para la selección de la pieza a batir sin ser visto.

    Como yo soy uno de esos que te conoce un poco me he hecho una idea de la tragicomedia en La Mota y la "mala hostia" que te ha entrado.

    Seguro que en estas fechas hay más nietos que pollos de limícolas en la zona, no digamos abuelos... con lo cual tampoco se notaría mucho tú intervención.

    En fin, conténtate por haberle dado una nueva oportunidad a ese pollo y sus congéneres. Existe la probabilidad (pequeña ésta) de que otro abuelo no lo seleccione para dar una clase de naturaleza a sus nietos y decida enseñarles una enciclopedia, una guía de aves, o ponerle La 2 alguna tarde en la hora de la siesta, si es que éstos no andan apedreando a esos pollos o pisando sus nidos.

    ResponderEliminar